México.
Cuando la pasé a buscar a la plaza grande y la vi con su mochila con un parche de Crass, vestida toda de negro y con unos huecos incompresiblemente grandes en las orejas, juré que era una crustie, pero fueron pasando los días y nada que ver. Por más que lo intenté, nunca logré encasillarla bajo alguna etiqueta o concepto.
En el momento en que asentó su maleta en mi cuarto le dije que le prestaba una hamaca o un sleeping bag y no tardó un segundo en decir:
- No hace falta, tu cama tiene suficiente espacio.
- Perfecto. Te prometo que no soy un hombre cualquiera – le contesté riéndome un poco.
- Jajaj, sé que no hay problema – sentenció con una seguridad como si me conociera de años.
En seguida se ganó mi corazón y empecé a aprender de ella mientras la iba conociendo. Paulina Martinez se dedica a Food not bombs, un movimiento, bien conocido en la escena punk, que se organiza mundialmente y actúa localmente para cocinarle comida vegana gratuita a gente pobre a partir de los desechos de los supermercados…
Honduras.
Después de diez días de haber salido de viaje, logré llegar en ride a Agua Caliente seguido de dormir en la calle en Esquipulas, la ciudad guatemalteca más cercana a Honduras donde mendigué para pagar una multa de 25 dólares por un pésimo error migratorio -que te confieso fue mi culpa-, pasé frío durmiendo en la maldita calle (donde unos cabrones me bañaron de cerveza) y finalmente conseguí más del dinero que necesitaba…
